Por: Jorge Melgar.
Todo ser humano en cualquier momento sueña en la realización de su más caro anhelo. Y sueña porque puede hacerlo y porque posee un derecho inevitable de buscarlo y realizarlo, sin importar el cúmulo de obstáculos que puedan presentarse.
Hay quienes, por la misma necesidad de verse involucrado en otras esferas, siempre ven adelante, siempre se ven alcanzando metas, algunas difíciles de alcanzar, pero al fin son sueños que en el camino correcto, a veces se cumplen.Esta es una batalla cotidiana para decir: yo quiero esto y lucharé hasta lo imposible por lograrlo.
Sin embargo, la vida tiene preparado algo para todos, con la finalidad de demostrar que para llegar, no solo se necesita avanzar, sino aprender de los desaciertos, para normar una serie de estrategias para lograr el objetivo.Es cuando debatimos entre si existe el destino o uno es el arquitecto de su propio destino.
Varios analistas consideran sobre la existencia del destino, mientras otros impulsan al ser humano como el único constructor de su vida, pero otros más enseñan que el destino es un fundamento para la vida, con el poder inteligente de modelarlo. Aunque en todo este proceso hay la intromisión de la suerte y de la desgracia, que son elementos fortuitos en el ambiente y que se presentan cuando alguien está el lugar, en el momento correctos o incorrectos para ser ungidos.
Recuerden aquel cuento simpático: iba una hormiguita en busca de su comida, cuando de pronto de la nada surgió una gran voz que le preguntaba: hormiguita adónde vas? Y la hormiguita respondió: voy en busca de mi comida. Se volvió a escuchar la voz que le decía: ibas. Y del inmenso espacio surgió un enorme dedo que la aplastó.
¿Por qué si habiendo millares y millares de hormigas, a esa, precisamente a esa se le atravesó el dedo de un niño travieso que dio fin con su vida?... ¿El destino?...¿La desgracia?
Hace unos días tuve la oportunidad de tener un compañero de viaje, que me narró todas las vicisitudes de su vida en los Estados Unidos, estuvo seis años radicado en el vecino país, uno de ellos trabajando y cinco en la cárcel porque lo implicaron en un robo, donde finalmente, después de cinco años de penurias, lo descubrieron inocente, con la respectiva expresión de las autoridades “disculpe usted”.
La ciudad de México, otro aparente sueño, humanamente ya no cabe un alfiler. Solo basta llegar para darse cuenta de la vida monstruosa de una de las ciudades más grande del mundo. Lugar donde se vive a contra reloj, donde el egoísmo ya es parte de un sistema de vida y la desconfianza trasluce por la piel del capitalino y finalmente el ingreso a la delincuencia organizada, donde generalmente se ingresa, pero nunca se sale por razones obvias.
Entonces, hay de sueños a sueños. Aquellos que señalan algunas probabilidades de éxito por su naturaleza y aquellos donde la vía es rápida pero a la vez accidentada, como un bache profundo, amenazador y oscuro.
Tener sueños de grandeza son parte de los derechos humanos, pero siempre partiendo de una planificación adecuada y .sobria. Es casi imposible subir una escalera salvando escalones para llegar más rápido; es necesario medir distancias y valorar probabilidades, para llegar finalmente al objetivo.
Se vale soñar, pero evitando siempre la pesadilla que nos dé un despertar de terror y muerte.
Además hay que contar con el factor de probabilidad, es decir, en este número en la sección de Cuando canta el alma, le enviamos un descubrimiento, que avalado por todo el orbe, el mejor bailarín de ballet del mundo es mexicano, de tan solo 21 años, en esa sección admírelo y conozca su trayectoria. ¿Qué diferencia hay entre el bailarín y el joven que se fue al sueño americano?
El primero sentó sus sueños en realidades, principiando en el ejemplo de su padre, que fue el mejor bailarín de México. Su padre es su guía y su preparador hasta en los escenarios más importantes del mundo, es impulsado por toda su familia, en donde el hermano más chico de tan solo 17 años, le sigue sus pasos y donde comparten escenarios y rivalizan con sentido profesional.
El segundo partió a los Estados Unidos sin timón y a la deriva, con una gran incertidumbre y con todos los factores de riesgo a su favor. Sin ningún apoyo y sin ningún aliciente de parte de su familia, que, prácticamente, ignoraba de su paradero. Resultado: regresó peor de cómo se fue y con la (relativa) fortuna de haber regresado.
Por eso “hay de sueños a sueños”. Hay algunos realizables, otros imposibles, tan imposibles, que pueden culminar con la total destrucción de la vida.
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