
CRISPÍN ROBLES VILLEGAS.Por Jorge MelgarA propósito de la serie “El Encanto del Águila” que a partir del 15 de noviembre la exhiben en Televisa, serie que, definitivamente, está muy interesante, es prudente mencionar que dentro de los olvidos de la patria, se encuentra relegado de sus méritos revolucionarios el gran personaje desconocido don Crispín Robles Villegas, originario de Juchipila, Zacatecas, que pleno simpatizante del movimiento antirreleccionista de don Francisco I. Madero, fue un fiero luchador de la causa, levantándose en armas contra Victoriano Huerta.
El gran revolucionario que tuvo la desgracia de no pasar a la historia, fue un hombre ejemplar. Durante su vida privada fue propietario de una tienda de abarrotes “El Nuevo Mundo” y propietario también de muchas propiedades. Quiere decir, entonces que su vida estaba resuelta, siendo cuidadoso del futuro de su familia que finalmente quedaron en la desolación y muerte.
Don Crispín, sin embargo, cuando supo del movimiento revolucionario de Madero e impulsado por los principios de libertad, igualdad y justicia, fundó, como primer paso, el Club Antirrelecionista, incitando y convenciendo a los habitantes de Juchipila y pueblos vecinos, a sumarse a los principios que postulaba el movimiento que encabezaba Madero.
Sin embargo, a pocos días de iniciado el movimiento revolucionario fue aprehendido por autoridades porfiristas y enviado a la cárcel de Lecumberri hasta marzo de 1911.
Con cierta consideración por su familia, se retiró del movimiento, pero el 15 de abril de 1915, fueron más fuertes sus principios y motivado por el asesinato de Madero, se levanta en armas para las fuerzas constitucionalistas y logra controlar todo el cañón de Juchipila y el sur de Zacatecas, y logra erradicar el huertismo, para favorecer a la División del Norte que no fuera atacada por las fuerzas de Huerta que pretendían seguir con sus objetivos de tiranizar a México.
Fue un hombre recto, decente y honorable. No permitió excesos en la Revolución, prohibió el fusilamiento no sin antes tener un juicio justo ante las leyes.
En una emboscada en Ocotlán, Jalisco, pierde la vida.
Don Crispín Robles Villegas, que fue soslayado por la historia de México, nace en 1876 y muere en 1915 dejando a su familia en la orfandad y en la desgracia, pues sacrificó todos sus bienes por cumplir con los dictados de su corazón en aras de sus ideales.
El gran revolucionario que tuvo la desgracia de no pasar a la historia, fue un hombre ejemplar. Durante su vida privada fue propietario de una tienda de abarrotes “El Nuevo Mundo” y propietario también de muchas propiedades. Quiere decir, entonces que su vida estaba resuelta, siendo cuidadoso del futuro de su familia que finalmente quedaron en la desolación y muerte.
Don Crispín, sin embargo, cuando supo del movimiento revolucionario de Madero e impulsado por los principios de libertad, igualdad y justicia, fundó, como primer paso, el Club Antirrelecionista, incitando y convenciendo a los habitantes de Juchipila y pueblos vecinos, a sumarse a los principios que postulaba el movimiento que encabezaba Madero.
Sin embargo, a pocos días de iniciado el movimiento revolucionario fue aprehendido por autoridades porfiristas y enviado a la cárcel de Lecumberri hasta marzo de 1911.
Con cierta consideración por su familia, se retiró del movimiento, pero el 15 de abril de 1915, fueron más fuertes sus principios y motivado por el asesinato de Madero, se levanta en armas para las fuerzas constitucionalistas y logra controlar todo el cañón de Juchipila y el sur de Zacatecas, y logra erradicar el huertismo, para favorecer a la División del Norte que no fuera atacada por las fuerzas de Huerta que pretendían seguir con sus objetivos de tiranizar a México.
Fue un hombre recto, decente y honorable. No permitió excesos en la Revolución, prohibió el fusilamiento no sin antes tener un juicio justo ante las leyes.
En una emboscada en Ocotlán, Jalisco, pierde la vida.
Don Crispín Robles Villegas, que fue soslayado por la historia de México, nace en 1876 y muere en 1915 dejando a su familia en la orfandad y en la desgracia, pues sacrificó todos sus bienes por cumplir con los dictados de su corazón en aras de sus ideales.
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